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Conde Indiano

miércoles, 8 de mayo de 2019

La jornada de ocho horas: ¿un invento «sindicalista» del Rey Felipe II?






Antonio Pozo Indiano
En pleno siglo XVI, Felipe II estableció, por un Edicto Real, la jornada de ocho horas: «Todos los obreros de las fortificaciones y las fábricas trabajarán ocho horas al día, cuatro por la mañana y cuatro por la tarde; las horas serán distribuidas por los ingenieros según el tiempo más conveniente, para evitar a los obreros el ardor del sol y permitirles el cuidar de su salud y su conservación, sin que falten a sus deberes».


Felipe II fue un monarca extremadamente riguroso con cada aspecto de su reinado. Capaz de entretenerse en el reparto de celdas de los monasterios que así se lo requerían, discutir sobre teología con el mismísimo Papa, organizar sobre plano las defensas del Caribe español o supervisar cada detalle de su obra magna, el Real Monasterio de El Escorial, como si fuera el jefe de obras. El elevado gasto económico de este palacio monumental no fue nada en comparación con el coste de oportunidad que tuvo el mantener al Rey de la Monarquía más extensa y poderosa de su tiempo entretenido tantos años en labores de constructor.




Juan Bautista de Toledo


El Escorial fue el sueño de juventud de un monarca aficionado a la arquitectura y obsesionado con supervisar cada detalle de las obras. 
Los planos de la octava maravilla del mundo los realizó Juan Bautista de Toledo, su arquitecto mayor, y más tarde continuó su construcción el famoso Juan de Herrera, pero siembre bajo su estricta supervigilancia. La construcción de El Escorial estuvo estructurada de tal modo que cualquier cambio que los aparejadores realizaran en los planos originales, por muy leve que fuera, debía ser antes consultado al Monarca. El sistema generó una lenta cadena de montaje donde todos los trabajadores manejaban las mismas trazas, de tal modo que se consiguió la uniformidad tan característica del edificio.
Durante las obras, Felipe II se atrevía a discutir con los arquitectos si algo no le gustaba, por muy técnico que fuera la disputa. Se cuenta por anécdota incierta que, al ver en los planos la forma del techo de la cripta que está bajo el panteón de los reyes, llamó al arquitecto y le dijo:

—Para evitar que este techo se derrumbe habrá de poner una columna en medio.
—Está calculado para sostenerse sin columna, majestad.
—¡Imposible! Os digo que os veréis obligado a ponerla…







Tras 21 años las obras terminaron de forma oficial en septiembre de 1584 con la apertura de la basílica, aunque se alargaron por diez años más en otras estancias. A la vista de todos, Felipe II lloró mientras asistía a la consagración de la basílica, después de la cual los obreros empezaron a desmantelar los andamios y las grúas de madera. Terminada la construcción, el rey vio que el techo de la cripta estaba sostenido por una columna y se regodeó de su acierto con Juan de Herrera:
—Tuve razón al deciros que haría falta una columna.
—Sí, majestad.
Y Herrera, al decir esto, se acercó a la columna y la apartó de un puntapié. Era de cartón y no sostenía nada.

De ser cierta la anécdota aquella columna era lo único de mentirijilla en El Escorial. El obrero mayor del templo calculaba que el Rey había gastado seis millones y medio de ducados en los 35 años necesarios para finalizar por completo la edificación. Sin embargo, esta cifra, que representaba más de los ingresos de Castilla durante todo un año, se queda corta respecto a las estimaciones de otros contemporáneos de Felipe II. El belga Jehan Lhermite elevaba el precio de El Escorial hasta los 9 o 10 millones de oro y señalaba que «a Su Majestad no le gustaba que se supiera a ciencia cierta el valor preciso y concreto de la obra».

Mano de obra para su palacio

En la obra trabajaron de ordinario «1.500 oficiales de la construcción, y otros tantos peones, 300 carros de bueyes y mulas» que cobraban 10.000 ducados al mes. Las condiciones laborales estaban fuera de lo común en aquella época, y en otras posteriores, pues para el Rey la calidad y bienestar de la mano de obra era otro detalle importante para cumplir su obra divina. Recomendó sobre el trato a los obreros «que no los sacasen de su paso e hicieran de modo que lo que ganasen, más pareciese donativo que jornal».
En pleno siglo XVI, Felipe II estableció, por un Edicto Realla jornada de ocho horas: «Todos los obreros de las fortificaciones y las fábricas trabajarán ocho horas al día, cuatro por la mañana y cuatro por la tarde; las horas serán distribuidas por los ingenieros según el tiempo más conveniente, para evitar a los obreros el ardor del sol y permitirles el cuidar de su salud y su conservación, sin que falten a sus deberes». Los trabajadores de El Escorial recibían diez días de vacaciones al año, percibiendo íntegro el salario, y tenían derecho a recibir media paga si resultaban heridos en las obras:
«Si el trabajador se descalabrase que se le abone la mitad del jornal mientras dure la enfermedad».
En el reinado de Felipe II se extendieron estas mismas condiciones laborales también a los indígenas americanos, que contaban con una legislación propia y se organizaban en «repúblicas de indios» donde elegían ellos a sus alcaldes. En el libro «Código del trabajo del indígena americano» (Ediciones Cultura Hispánica), el historiador y académico Antonio Rumeu de Armas recuerda que las Leyes de Indias garantizaban la jornada de ocho horas, repartida en cuatro y cuatro horas «para librarse del rigor del sol». Con la salvedad de aquellos que trabajaran en las minas, cuya jornada se reducía a siete horas «desde las siete de la mañana hasta las cinco de la tarde, para que se conserven mejor» los indios.

El historiador recuerda, además, que eran los virreyes, presidentes y gobernadores americanos quienes debían señalar sobre el terreno las «horas [de trabajo] en que se hubieren de ocupar [los indios] cada día, con atención a sus pocas fuerzas, débil complexión y costumbre en todas las repúblicas bien ordenadas». Es decir, sin caer en los abusos físicos.

El país donde se impuso primero por ley

Siglos después de aquella legislación laboral que Felipe II impulsó de forma pionera, aunque con limitación a los empleados bajo su cargo, España también protagonizó un hito relacionado con la jornada de ocho horas. En 1919, se convocó una huelga en Barcelona contra la eléctrica Riegos y Fuerzas del Ebro, de la que la entidad bancaria Canadian Bank of Commerce of Toronto era su principal accionista, por el despido de ocho trabajadores por iniciar un sindicato independiente.


Los paros se prolongaron durante 44 días y lograron paralizar más de la mitad de la industria catalana en lo que terminó por ser una huelga general. Finalmente, la empresa acabó cediendo mejoras salariales, la readmisión de los despedidos y la firma del primer decreto que comprometía al Gobierno a establecer una jornada máxima de ocho horas al día o 48 a la semana.
El liberal Conde de Romanones, accedió temeroso de la oleada comunista que se cernía sobre Europa a firmar un decreto que convirtió a España en el primer país en establecer por ley a todos los sectores la jornada de ocho horas
El presidente del Gobierno, el liberal Conde de Romanones, accedió temeroso de la oleada comunista que se cernía sobre Europa a firmar un decreto que convirtió a España en el primer país en establecer por ley a todos los sectores, y de forma efectiva, la jornada de ocho horas. 






El 3 de abril fue cesado en el cargo y sustituido por el conservador Antonio Maura.








César  Cervera
Diario ABC 8-5-2019



HEMEROTECA DEL CONDE YNDIANO DE BALLABRIGA



El Mango mejora nuestra calidad de vida
El mango es sobre todo una fruta con un gran poder antioxidante, pues posee cantidades significativas de los 3 nutrientes antirradicales libres más importantes: vitaminas C y E y betacaroteno (provitamina A).
Fruto del árbol Mangifera indica, de la misma familia botánica que el anacardo y el pistacho, es originario de la región a los pies de los Himalayas, en el noroeste de la India, aunque encontró tierra fértil en todo el sudeste asiático, donde se cultiva desde hace más de 4.000 año. Desde allí se ha extendido a todas las zonas cálidas del planeta de la mano de monjes budistas y de comerciantes persas, portugueses, españoles e ingleses.
Casi todos los idiomas han incorporado a su vocabulario una derivación de la tamil (lengua del sudeste indio) "mangkay", que los portugueses transformaron en "manga" y los ingleses en "mango". Sin embargo, en la India se le conoce por el término hindi "aam", que significa "común".

Fruta nacional de la India

No es extraño, pues es una fruta ubicua en el subcontinente, donde se produce tanta cantidad de mangos como del resto de la fruta junta.
Se estima que la India produce dos tercios de los mangos del mundo, unos 14 millones de toneladas anuales. Es por tanto el fruto nacional y está vinculado a mil y una leyendas.
La más celebre es la que lo relaciona con Siddharta Gautama, Buda, a quien se le representa casi siempre a la sombra de un mango de lozanía perpetua (el árbol puede alcanzar 40 metros de altura y 10 de anchura).
La razón es que Buda alcanzó la iluminación bajo un mango, al que desde entonces se conoce como "el árbol de la sabiduría" o "bodhi".

Propiedades del mango

El mango destaca por el conjunto de nutrientes y sustancias antioxidantes que se hallan en su composición.

Vitaminas C y A

Una sola pieza de 200 g aporta la cantidad diaria recomendada de vitamina C (unos 60 mg) y el 60% de la vitamina A, en forma de betacaroteno. El mango es una de las fuentes más importantes de este nutriente.


Es un alimento ideal para las personas que tienen intolerancia a ciertas frutas y verduras o que tienen el estómago delicado, y es que contiene una enzima similar a la de las papayas que ayuda a tener una buena digestión. Es recomendable su consumo después de las comidas, ya que nos ayudará a agilizar el proceso digestivo.
Mucha gente siempre ha considerado el mango como un aliado para luchar contra la caída del pelo y las enfermedades de la piel, y es que su alto contenido en vitamina B ayuda a que nuestra piel esté en perfectas condiciones, lo mismo que nuestro pelo que crecerá con más fuerza. Además, es un aliado para que el metabolismo y el sistema nervioso funcionen correctamente.
Lo podemos encontrar en cualquier frutería, y se puede comer crudo o preparado de diferentes maneras, ya que por su sabor es un ingrediente ideal para cualquier plato. Cuando está verde su contenido en azúcar disminuye, por lo que es recomendable en dietas de diabéticos. En este caso se prepara triturado como un vegetal más en ensalada o su zumo se usa para sustituir al limón o vinagre en ensalada porque es ácido al gusto.
Sea como sea, el mango es un aliado tanto para cuidarnos por dentro como por fuera, y es que su semilla se usa como exfoliante, al igual que la manteca de las semillas que se usa como ingrediente de jabones y champú para dotar a nuestro cuerpo de los nutrientes necesarios para estar saludable.


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jueves, 18 de abril de 2019

¿Cuáles son las causas de la disfunción eréctil?






Antonio Pozo Indiano

La disfunción eréctil, más conocida como impotencia sexual, es un problema más común del que nos pensamos: 2,5 millones de hombres en España tienen problemas de erección. Dicho de otro modo, tienen dificultad para tener o mantener una erección con rigidez suficiente para tener relaciones sexuales. Es uno de los problemas sexuales masculinos más frecuentes en nuestra sociedad, tanto como para que sea, paradójicamente, portada de periódicos en forma de anuncio. Aunque apenas nadie hable de común afección sexual.

Todavía, aunque cada vez menos, esta disfunción se envuelve en un cierto tabú y pocos hombres consultan este problema con el especialista: sólo uno de cada cinco. La disfunción eréctil es, normalmente, un problema asociado a la edad: a mayor número de años, más probabilidad de tenerla. Sin embargo, los jóvenes tampoco están exentos de ella. Según datos reflejados por la Asociación Española de Andrología, Medicina Sexual y Reproductiva (ASESA), la disfunción eréctil puede presentarse a cualquier edad, aunque es más común a partir de los 40 años: el 30% de los hombres entre los 40 y 70 años sufre algún tipo de impotencia sexual moderada y severa.


Esta afección se clasifica en tres grados: leve, moderada y severa. Así, otro estudio publicado el año pasado por el Hospital Universitario Puerta de Hierro de Majadahonda (Madrid), aseguraba que los problemas de erección (en distinta gravedad) afectaban a más del 40% de los hombresen España.



“Tener fallos en la erección es normal. Pero cuando el problema se vuelve frecuente y continuado en el tiempo y además a la persona le crea malestar, es importante consultarlo con un especialista”, expone a El Independiente el urólogo Natalio Cruz, director de la Clínica Andromedi(Sevilla) y excoordinador nacional de Andrología de la Asociación Española de Urología (AEU).


¿Cuáles son las causas de la disfunción eréctil?

La impotencia sexual se debe en el 80% de los casos a factores orgánicos y en el 20% restante a causas psicológicas. Sin embargo, son estas últimas las que se presentan con frecuencia entre los más jóvenes.
No abordar médicamente la disfunción eréctil es un verdadero error. No sólo porque afecta psicológicamente a los hombres y puede mermar la calidad de vida de la pareja, sino porque detrás de ella pueden esconderse problemas importantes de salud. Puede ser un síntoma de otras patologías.
Las más frecuentes, las enfermedades cardiovasculares.
“Una de las causas de la disfunción eréctil son los problemas cardiovasculares. Por lo que es muy probable que si un hombre mayor acude al médico con un problema de erección se deba a un problema vascular”, afirma a El Independiente Ignacio Moncada, jefe del Servicio de Urología del Hospital Universitario Sanitas la Zarzuela y secretario general de ASESA.
Generalmente, explica el doctor, las arterias que llevan la sangre al pene se estropean antes que las coronarias, por lo que en uno o dos años después las arterias del corazón podrían verse afectadas. De este modo, la disfunción se convierte en un aviso de que algo no va bien en nuestra salud cardiovascular. “Cualquier hombre que tenga problemas de erección, debe consultar con un médico para descartar que tenga una patología cardiovascular”, asegura.

Según refleja la web de la Fundación Española del Corazón (FEC), la disfunción eréctil y los problemas cardíacos comparten los mismos factores de riesgo. Así, dos de cada tres hombres con hipertensión arterial tienen disfunción eréctil y más de la mitad de los hombres con este problema sexual tienen colesterol elevado y lesiones coronarias. Según la FEC, “la disfunción eréctil puede alertar hasta tres años antes de la aparición de una patología cardiaca ”.
Otras causas orgánicas que pueden estar, aunque en menor medida que las vasculares, detrás de esta disfunción son: problemas endocrinos, síntomas de enfermedades neurológicas o diabetes. También, por efectos secundarios de fármacos: “hay una lista de más de 200 medicamentos que se asocian con problemas de erección”, expone Moncada.
“Cuando un hombre empieza a sufrir problemas de erección es bueno consultarlos, no sólo para recuperar la vida sexual sino porque puede ser un indicativo de que algo no está funcionando bien, de que puede haber un problema físico o alguna enfermedad subyacente”, añade el doctor Cruz, presidente del comité organizador de la XXII Reunión del Grupo de Andrología de la AEU, celebrada el pasado mes de febrero en Sevilla.

Los tratamientos que curan la impotencia
En la disfunción eréctil, provocada por causas orgánicas, el abordaje es doble. Según explica Cruz, por un lado, tratando la causas que provoca el problema de salud (por ejemplo, el problema cardiovascular) y  otro , abordando el problema de erección en sí mismo. Esto es, ayudar a los hombres a que vuelvan a recuperar sus erecciones de forma satisfactoria para tener un relación sexual. O lo que es lo mismo, combatir los problemas de erección con una erección.
“En la actualidad, el 100% de los problemas de erección se pueden tratar”, afirma Cruz. Hoy en día, existe una gran cantidad de tratamientos para abordar estos problemas. Es el especialista quien, después de hacer los chequeos correspondientes, diseñará uno u otro tratamiento. Es importante que el tratamiento sea pautado sólo por el médico. “Comprar fármacos por internet, sin receta, no va a hacer otra cosa que agravar el problema”, indica Moncada.
Los tratamiento para tratar los diferentes tipos de disfunción eréctil son:
·         Fármacos por vía oral. Los más usados son los inhibidores de la fosfodiesterasa-5: sildenafilo, vardenafilo y tadalafilo y avanafil. “Tienen una eficacia muy buena, sobre todo en casos de disfunciones leves”, afirma Cruz.

·         Tratamientos tó Cremas que administradas de forma intrauretral facilitan la erección. Según explica Cruz, “están indicadas como tratamiento de primera línea en pacientes que no pueden o no quieren tomar fármacos orales o bien como tratamiento de segunda línea en combinación con los inhibidores de la fosfodiesterasa-5″.

·         Inyecciones intracavernosas. Se trata de inyecciones que se aplican en el pene y favorecen el riego sanguíneo. Normalmente, se indica a los pacientes que no toleran o no pueden tomar los fármacos orales.


·         Terapia de ondas de choque de baja intensidad. Según explica Cruz, se trata de un tratamiento reciente, de hace unos 10 años, en el que el paciente se somete a entre cuatro y ocho sesiones de 30 minutos a ondas de choque de baja intensidad. “Están sobre todo, indicadas en aquellos pacientes con falta de riego vascular en el pene ya que favorece la creación de nuevos vasos. Es un tratamiento definitivo. Es decir, con las sesiones que el médico indique, se soluciona el problema”, señala.
·         Prótesis de pene. Suele ser en casos de disfunción grave donde los tratamientos anteriores no han funcionado. Es un técnica que cada vez se aplica más en España, también dentro del Sistema Nacional de Salud, y que da muy buenos resultados. En otros países de Europa y sobre todo en Estados Unidos es un técnica muy demandada.
Malas erecciones por ansiedad

Estrés, cansancio o problemas con la pareja son algunos de las causas que pueden estar detrás de una impotencia sexual, sobre todo en hombres jóvenes, menores de 40 años: “Cuanto más joven, mayor es la probabilidad de que la disfunción eréctil se deba a causas psicológicas”, afirma Moncada.
En estos casos, existe, en ocasiones, la llamada ansiedad de ejecución: miedo o preocupación por las viejas creencias erróneas de “no dar la talla” o “no estar a la altura”. Muchos jóvenes experimentan los famosos ‘gatillazos’, algo muy normal, por ejemplo, en situaciones de estrés. Sin embargo, algunos temen que eso les vuelva a pasar más veces, y experimentan y sientan esa ansiedad. “Estar más pendiente de cómo se va a funcionar sexualmente que de disfrutar y de abandonarse a la relación sexual”, expone el especialista.
Por ello, en estos casos, el abordaje ha de ser de tipo psicológico y ponerse en manos de profesionales de la psicología o de la sexología.
La pareja, clave en el tratamiento (y en la solución del problema)
Además de los tratamientos médicos, es importante mantener unos buenos hábitos de vida como son: no tener sobrepeso, hacer ejercicio físico de forma regular, no fumar y mantener en general un buen estado de salud. “En hombres jóvenes, estos hábitos pueden ayudar en ocasiones a recuperar la función sexual; en hombres más mayores es difícil hacerlo sin tratamiento médico. Sin embargo, estos hábitos saludables ayudarán y harán que el problema no vaya a peor”, afirma Moncada.
Por otro lado, es importante abordar en pareja los problemas de erección. “Muchas veces, los problemas de incomunicación que hay en las parejas pueden estar detrás de estos problemas. Hay veces en que el hombre, por tener esta disfunción sexual, rehuye las relaciones sexuales y su pareja, por su parte, puede pensar que es por su culpa, porque está mayor, porque ya no le atrae sexualmente, etc. Hablar abiertamente de ello ayuda muchas veces a poner solución”, afirma.
La pareja también es clave en el tratamiento médico, cuando los hombres tienen que someterse a él para solucionar su disfunción: “El apoyo de la pareja es fundamental para cumplir correctamente con el tratamiento y para que tenga éxito”, asegura Moncada. “Los profesionales siempre recomendamos a los pacientes que vengan a la consulta acompañados de sus parejas para que también se involucren en el proceso. Son parte de la solución y no del problema”, concluye.


Publicado el 17 de Abril de 2019 - 00: 42
DIARIO EL INDEPENDIENTE


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