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Conde Indiano

jueves, 14 de noviembre de 2019

Los españoles ya nos hemos visto en una situación parecida





Antonio Pozo Indiano
La solución de Alfonso XIII para salvar a España del 'engendro político' tras repetirse las elecciones de 1918



El plena escasez de bienes de primera necesidad durante la Primera Guerra Mundial y con una crisis aún mayor, tuvimos que ir a la urnas tres años consecutivos. Aquellas elecciones generales dieron como resultado un Congreso todavía más fragmentado que el que ha resultado del 10-N. En 1918, la segunda de ellas, los dos partidos mayoritarios no fueron capaces de ponerse de acuerdo para formar Gobierno y la parálisis institucional se enquistó aún más. ¿Quién tuvo, entonces, que tomar cartas en el asunto para intentar salvar la situación de bloqueo ante la incompetencia de los partidos políticos? El Rey Alfonso XIII.

Pedro Sánchez no logró, efectivamente, ninguno de los dos objetivos que buscaba con la repetición de los comicios este domingo: ni reforzó sus resultados con respecto a abril, ya que perdió tres escaños, ni desgastó a sus enemigos. Todo parecía indicar que, después del 10-N, el líder socialista iba a tener más difícil formar gobierno, pese a su victoria electoral y ante el Congreso de los Diputados más fragmentado de la historia de la democracia: 16 partidos. Pero ayer, Sánchez y Pablo Iglesias nos sorprendieron con un acuerdo expres para formar un Ejecutivo progresista, que pone de manifiesto que no haber alcanzado un acuerdo antes fue un ejercicio de tacticismo por ambas partes.


España vivió situaciones semejantes durante la Restauración, durante las crisis que se produjeron entre 1917 y 1922. En aquella ocasión, sin embargo, las salidas que se buscaron fueron diferentes. Se tuvieron que tomar decisiones más drásticas y de urgencia con varios gobiernos de concentración que agrupaban a partidos políticos de ideología muy diferente, pero que representaban a un espectro mayor de la población. Algo a lo que parece no estar dispuesto Sánchez, una de cuyas opciones para que España saliera del bloqueo era hacer una gran coalición con el PP que superaría los 200 escaños.



Eduardo Dato
En 1917, la decisión para salir del bloqueo institucional la tomó el Rey Alfonso XIII. España se encontraba en una grave crisis social, política y militar durante el Gobierno del conservador Eduardo Dato como consecuencia de la escasez de alimentos de primera necesidad, el caciquismo y el clima creado por la neutralidad en la Gran Guerra. En busca de una solución, el monarca sustituyó a Dato por un «Gobierno de concentración» el 30 de octubre. Estaba presidido por el liberal Manuel García Prieto, pero la solución no fue todo lo efectiva que esperaba.


Portada de «Crónica Gráfica», con García Prieto (izquierda)
«Alfonso XIII consideró la necesidad de que un Gobierno de concentración como este podría abordar los graves problemas planteados en esa etapa», explica el historiador Manuel Sainz de Vicuña y García-Prieto en uno de sus artículos para la Real Academia de la Historia. Pero lo cierto es que, para acabar con el problema, ya no servían los viejos políticos ni el sistema de gobierno turnante implantado por la Restauración. Como dijo Ortega y Gasset, «un sistema de viejo equilibrio se había roto» y «el nuevo no se había alzado».

El conde de Romanones calificó aquella situación de «engendro político», pues en él cada ministro caminaba por su lado y tenía intereses distintos, sin un programa en común, sino programas absolutamente diferentes.
Poco después de crearlo, el Gobierno volvió a ser disuelto y se llamó a los ciudadanos a votar en unas elecciones generales que fueran limpias, democráticas y en las que hubiera una amplia representación de fuerzas para tratar de calmar a la sociedad. Ese era el único objetivo que se marcó relamente García Prieto: «Convocar unas nuevas Cortes que fueran elegidas por abstención de toda intervención gubernativa». Las elecciones se celebraron el 24 de febrero de 1918 y en ellas ni los conservadores ni los liberales alcanzaron una mayoría aplastante, tal y como ha ocurrido en las comicios del pasado domingo entre el PSOE de Pedro Sánchez y el PP de Pablo Casado: Antonio Maura, conservador, obtuvo 27 diputados; Eduardo Dato, conservador, logró 100; Manuel García Prieto, liberal, 81; el conde de Romanones, liberal, 36; Santiago Alba, liberal, 25; y Francesc Cambó, regionalista, 23.
Con unas fuerzas tan dispersas y tantos líderes que se consideraban en funciones de jefe era imposible formar un Gobierno «de altura» que pudiera tener una auténtica representación nacional y resolviera los males del país. Eso era lo que demandaba Cambó, presidente de la Lliga Regionalista y hombre del momento en la política española. Fue entonces cuando Alfonso XIII se aplicó a fondo y demostró lo que el director de ABC, Juan Ignacio Luca de Tena, diría de él años después: «Entre sus defectos está el de su inteligencia, pues, con excepciones notorias como las de Canalejas, Maura, Dato y algunos pocos más, el monarca era más inteligente que la mayoría de sus ministros».
El despacho de Alfonso XIII
Para lograr su empeño tras aquella fragmentación del voto, y a la vista de un Parlamento tan dividido, Alfonso XIII se vio obligado a tomar las riendas del país para formar un Ejecutivo de garantías que representara a todos. El Rey convocó en su despacho, a la misma hora y de forma simultánea, a todos los líderes de los partidos políticos y, una vez reunidos, les invitó a formar un Gobierno de carácter nacional. Al ver que estos se resistían, dadas sus diferencias irreconciliables, amagó con renunciar a la Corona. Su objetivo era forzar la voluntad de los representantes, los cuales, al percatarse del problema que podría plantear la expatriación del Monarca, aceptaron la propuesta.
El conde de Romanones, presente en aquella reunión en el despacho del Rey, describió la escena así: «Casi sin discusión, todos le manifestamos estar dispuestos a satisfacer sus deseos». Entonces, sigue narrando, el propio Alfonso XIII tomó papel y pluma y dijo: «Yo haré de secretario». Entonces fue confeccionando la lista de los nombres y los cargos que ocuparía cada uno: «Primero, el nombre de Maura para la Presidencia, que aceptó con aire de resignación, aunque yo creo que en el fondo satisfecho al ver cómo la justicia se abre paso y cómo las campañas contra él terminaban proclamándole indispensable. Dato, en Estado; García Prieto, en Gobernación; Romanones, en Gracia y Justicia; Alba, en Instrucción Pública; Cambó, en Fomento. Aunque ausentes, se anotaron otros tres nombres para los restantes Ministerios: González Besada, en Hacienda; Marina, en Guerra, y el almirante Pidal, en Marina».
Alfonso XIII demostró así ser «un estadista sagaz y un político resuelto y frío», tal y como lo calificó el primer ministro inglés, Winston Churchill

Según expresó Romanones varios años después, «de haber perdurado aquella combinación del Rey de España, se habría evitado todo lo que ocurrió después». Así surgió ese «Gobierno Nacional» que el país recibió con auténtico entusiasmo, pues era la última posibilidad constitucional de sacar adelante a España, que posó para la historia en el Palacio Real, después de prestar juramento, el 22 de marzo de 1918. La fotografía de aquel momento histórico es la que encabeza este reportaje.
Felicidad en el pueblo
Al día siguiente, ABC describía la reacción de los ciudadanos ante este nuevo Gobierno en tiempos de crisis que representaba prácticamente todas las sensibilidades política de aquella España del primer tercio del siglo XX: «“¡Aún hay patria, Veremundo!”, vino a decir ayer Madrid, ofreciendo uno de esos espectáculos grandiosos que, él solito y pocos pueblos más ofrecer cuando les llega al alma. Las imponentes manifestaciones de entusiasmo patriótico fueron incesantes. El Rey, su augusta familia y los nuevos ministros fueron aclamados con fervor admirable. En la cámaras, los diputados y senadores se volvieron roncos de tanto vitorear y se rompieron las manos de tanto aplaudir. Y al aplaudir y vitorear Madrid a España, al Rey y al Gobierno, indiscutiblemente se vitoreó y se aplaudió a sí mismo».
El intento del Rey no tuvo éxito por los enfrentamientos de nuevo entre las diferentes facciones del Gobierno. Maura, que fue cinco veces presidente del Consejo de Ministros de España, tampoco consiguió llevar a buen puerto la llave entregada por Alfonso XIII. Como lo describió el historiador Javier Tusell, el que puede ser considerado como uno de los líderes más influyentes del Partido Conservador se percibía a sí mismo como «un cisne de plumaje blanco nadando sobre una ciénaga». Un descripción que hace referencia a dos de las facetas que han acompañado al político: su compromiso con la regeneración política en una época dominada por el caciquismo y la superioridad moral que lo caracterizaba, consecuencia de su voluntad de limpiar la política.


Maura dimitió en julio y, de nuevo, comenzaron los intentos de los partidos de llegar a un acuerdo, tal y como ocurre desde ayer con el principio de pacto entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias para formar un Gobierno progresista. Aún les faltan apoyos y, de momento, los independentistas de ERC ya les han dicho que «no». En aquellos años finales de la Restauración, se tuvieron que convocar unas nuevas elecciones para diciembre de 1920, después de que se disolvieran las cortes por tercer año consecutivo. Hoy, ese escenario, no parece contemplarlo nadie, pero tampoco lo descartan.

Israel VianaMADRID  Actualizado:13/11/2019 19:25h
DIARIO ABC
HEMEROTECA DEL CONDE YNDIANO DE BALLABRIGA.

domingo, 9 de junio de 2019

La familia de banqueros aventureros “Los Welser…










Antonio Pozo Indiano

La contribución de los alemanes a la conquista y colonización de América se limita a un episodio anecdótico y casi desconocido. Carlos V cedió este territorio durante 18 años a una familia de banqueros germanos con el fin de pagar una deuda odiosa, la que le había hecho Emperador del Sacro Imperio Germánico. Un trozo del Nuevo Mundo a cambio de poder en Europa. Los banqueros más aventureros, los Welser, asumieron el reto.

Una deuda gigante a cambio de una Corona
Amigo y deudor también de banqueros, el Emperador Maximiliano dejó inacabados sus planes por su inesperada muerte, supuestamente debida a una indigestión de melones, y no pudo asegurar la Corona imperial para su nieto Carlos de Gantes, ya entonces Rey de España.La Casa de los Austrias llevaba casi un siglo al frente del Imperio, pero Maximiliano, en su rebosante mediocridad, no consiguió nunca el propósito de ser coronado por el Papa, lo que impidió que pudiera designar formalmente a su nieto como Rey de los Romanos. Sin este requisito, su nieto se veía obligado a obtener su elección entre una votación de los siete Príncipes electores y a enfrentarse a otros candidatos con sangre igual de azul.

Carlos contaba a favor de su causa con el apoyo de su abuelo y de su entorno, pero ni siquiera había pisado Alemania y entendía tan poco de alemán como Francisco I de Francia, otra opción a tener en cuenta. El resto de candidatos eran Enrique VIII de Inglaterrael Rey de Polonia y el Duque de Sajonia, aunque el paso de los días evidenció que la elección iba a ser cosa de dos, siendo Francisco el favorito. «Sire, los dos cortejamos a la misma dama», anunció el francés al saber que ambos aspirarían al trono de Carlomagno. La remontada del Rey de España aconteció por una razón muy básica: tanto la familia de banqueros de los Fugger como la de los Welser se negaron a conceder créditos a Francia, tal vez por un leve atisbo nacionalista (evitar que un monarca francés amenazara las leyes y privilegios germanos) o tal vez porque la oferta carolingia sonaba más jugosa.


El nieto de Maximiliano subió la apuesta hasta los 851.918 florines, mientras Francisco I se retiró con la mitad de fichas. El 28 de junio de 1519, los electores eligieron por unanimidad a Carlos de Gantes, a partir de entonces y para siempre: Carlos V, káiser, Emperador del Imperio Romano Germánico, heredero de la tradición romana y las hazañas de Carlomagno. Ahora faltaba pagar la factura.


La familia de banqueros aventureros

Los Welser y los Fugger dominaron la economía mundial durante buena parte del siglo XVI, siendo sucedidos por los banqueros genoveses ya en tiempos de Felipe II y Felipe III. No eran banqueros en el sentido clásico de la palabra, sino «merchant bankers» (banqueros comerciantes), por lo que estaban encantados de aceptar pagos en forma de minas, recursos naturales, territorios e incluso botines de guerra.

Una vez Carlos fue coronado, reclamaron su parte del pastel, el pago de su deuda... Si bien los Fugger (hispanizados como «Fúcares») se dieron por contentos con las millonarias rentas de las órdenes militares españolas; los Welser («Belzares) seguían a finales de 1528 sin haber percibido todo el dinero. A modo de ultimátum: si la Corona quería nuevos créditos, debían ofrecerles alguna clase de pacto o de aventura comercial. La respuesta del Emperador fue un acuerdo por el que cedió una parte del Nuevo Mundo para que la explotasen a su gusto, liberados de cualquier clase de impuesto a la Corona española.

Aquello era algo inédito, ya que Castilla mantenía un férreo monopolio comercial en toda América. En 1522, Carlos V de Alemania y I de España había rechazado una petición de Barcelona para obtener permiso de comercio directo con América desde sus puertos, y remitió a los comerciantes catalanes –como al resto de habitantes de España– a trasladarse a Sevilla (más tarde a Cádiz) y hacer uso de sus infraestructuras. El monopolio estatal estaba controlado estrictamente desde Sevilla y obliga a que ningún barco pudiera salirse de esta ruta. De ahí que resultara tan excepcional el acuerdo firmado con los banqueros alemanes, a los que se les permitía nombrar gobernadores propios, usar a los indios como mano de obra e incluso esclavizarlos, además del permiso para llevarse hasta 4.000 africanos.
En este sentido, los alemanes estaban obligados por contrato a fundar dos ciudades y a construir tres fortalezas. Y los Welser debían enviar una escuadrilla de cuatro navíos con doscientos hombres, armados y equipados a sus propias expensas, para ayudar al Gobernador de Santa Marta en la pacificación de aquel territorio. Además, podían explorar el territorio próximo en busca de metales preciosos, pero aquí sí debían dar una parte a la Corona española, y aportar 50 técnicos para explotar las minas de la región.
Los Welser aceptaron el arriesgado desafío, porque habían nacido más para el comercio que para las finanzas. De hecho habían mostrado interés y obsesión por el Nuevo Continente desde casi el principio. Tuvieron tierras en Canarias; establecieron una oficina en Santo Domingo; avanzaron hacia México para explotar las minas de plata de Zultepec; y se involucraron en la expedición de Pedro de Mendoza en la que descubrió el Río de la Plata.

Ahora, el territorio concedido a los alemanes fue la provincia de Venezuela, cuyos límites estaban definidos por el Cabo de la Vela (la actual frontera con Colombia) por el Oeste, y el Cabo de Maracapana por el Este (cerca de la ciudad de Barcelona). Varias islas cercanas a la costa quedaron también bajo jurisdicción de los Welser. Era aquella –sabían– la mayor oportunidad económica de su vida.



La obsesión con «El Dorado»

El primer gobernador de Klein-Venedig (Pequeña Venecia) fue Ambrosio Ehinger, cuya principal obsesión fue la encontrar el mítico «El Dorado». Empleando como base la isla de La Española, 4.000 esclavos africanos y cerca 400 alemanes desembarcaron en Venezuela para levantar esta pequeña colonia. Aunque desde el principio parecieron poco interesados en cumplir la parte del contrato que exigía colonizar el territorio. Más bien buscaban cosas brillantes.
En 1529, Ehinger fundó la villa de Maracaibo, pero no logró encontrar las cantidades de oro que los banqueros habían previsto y se sumió en una loca incursión por la Sierra de Perijá hasta las tierras del río Magdalena, en Colombia. Allí recibió un flechazo mortal en la garganta a la altura de Chitacomar, en el territorio independiente de los chitareros, una tribu hoy extinta.
Maracaibo languideció, con apenas 30 vecinos y muy poca actividad comercial, hasta que seis años después el conquistador alemán Nicolás Federmann ordenó trasladar la «capital» de esta colonia a la península de la Guajira, con el nombre de «Nuestra Señora Santa María de los Remedios del Cabo de la Vela» (en la actual Colombia). En su primera expedición (1530), Federmann recorrió la región de Barquisimeto, Portuguesa, Yaracuy y el oriente de Falcón. En 1536 llevó a cabo su segunda expedición con gran interés, como todos, por las perlas de las islas próximas.


El siguiente gobernador, Georg von Speyer, tampoco tuvo demasiado éxito en sus objetivos y sus hombres fueron asolados por enfermedades tropicales y hostigados por los indígenas. El último gobernador de esta Venezuela germana, Philipp von Hutten, el hijo de un burgomaestre, se adentró a la desesperada en el interior del continente, en dirección a Colombia, causando gran agitación y desorden a su paso.
A su regreso a casa después de numerosas correrías, Philipp von Hutten, a quien acompañaba Bartolomé Welser, heredero de la banca alemana, se tuvo que enfrentar con el español Juan de Carvajal, quien había sublevado a la población de soldados arruinados contra la pésima gestión de los Welser. Se dice que el español encargó a un negro cortarles las cabeza a los dos aventureros con un machete poco después de apresarlos, «y como el instrumento tenía embotados los filos con la continuación de haber servido en otros ejercicios más groseros, con prolongado martirio acabaron con la vida aquellos desdichados, más a las repeticiones del golpe que al corte de la cuchilla».

El final de un imperio de banqueros

Carvajal no debía temer represalias. El Consejo de Indias retiró la concesión a los Welser ese mismo año por incumplimiento del contrato de arrendamiento. Tampoco en la Corte imperial les quedaban ya muchos aliados a estos banqueros, dadas las sospechas de que estaban apoyando al movimiento luterano en Augsburgo.



Después de esta terrible experiencia, los alemanes no volverían a conseguir establecer una colonia permanente en América, a excepción de casos aislados como la Compañía Africana de Brandeburgo. Suyo fue el control del comercio de esclavos en la isla de Santo Tomás (las Islas Vírgenes).
Los Welser tampoco tuvieron una segunda oportunidad. En 1556, con la suspensión de pagos decretada por Felipe II, que afectó también a los Fugger, se inició un rápido declive de las actividades financieras de la familia. En 1614, en los albores de la Guerra de los Treinta Años, fue declarada la quiebra de la Casa Welser, siendo Matías Welser encarcelado y perdiéndose el rastro de sus archivos familiares en la bruma de los tiempos.

CESAR CERVERA
DIARIO ABC 18-11-2016


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viernes, 31 de mayo de 2019

Pensamiento sociopolítico del Rey Santo ( Fernando III)





Antonio Pozo Indiano

De Fernando III el Santo, rey de Castilla (1217-1252) y de León (1230-1252), conocemos casi todo lo fundamental, especialmente en su vertiente más sevillana. Además, ya desde el mismo siglo XIII, muy poco tiempo después de su muerte, acaecida en el viejo Alcázar hispalense el 30 de mayo de 1252, cronistas áulicos, historiadores e investigadores diversos, clérigos y laicos, nos han transmitido con especial interés las brillantes campañas militares fernandinas por Andalucía -sobre todo la conquista de la ciudad de Sevilla el 23 de noviembre de 1248- y las virtudes políticas, morales y religiosas de un monarca ejemplar ya en su propio tiempo, con fama popular de "santo" incluso mucho antes de ser elevado oficialmente a los altares por el papa Clemente X el 4 de febrero de 1671. Hoy en día, en pleno siglo XXI, y en un mundo como el nuestro plenamente mercantilizado y globalizado parece de justicia rescatar el "modelo socio- político" de un monarca cristiano y singular de la historia del Reino de Sevilla. En este sentido, es preciso insistir en los valores éticos de Fernando III. Y para ello nada mejor que acudir a la descripción que realiza su hijo, Alfonso X, el Sabio, quien abunda especialmente en sus muchas cualidades morales en el llamado Libro del Setenario, escrito en la ciudad de Sevilla. Para el rey Sabio, su padre fue ante todo un hombre que hablaba y razonaba con corrección y que gozaba de principios nobles y discretos en el comer, beber y dormir. Le gustaban los ejercicios físicos propios de su condición -andar, cabalgar y cazar- y también los torneos caballerescos. Asimismo, Fernando III disfrutaba con los juegos de tablas, practicando las damas y el ajedrez con su familia, a la que mucho admiraba y quería. Por último sabemos que al rey de Castilla le fascinaba la música cortesana y sobre todo religiosa, lo que aprendió, sin duda, de su madre, la reina doña Berenguela. El semblante ético y moral del rey -también del hombre- fue destacado por su hijo explicando curiosamente el significado de las letras que integran su nombre Ferrando, escrito en forma acróstica:

F, de fe.
E, de entendimiento para conocer a Dios.
RR, de reciedumbre de voluntad y obras para derrotar y castigar a los enemigos de Dios y a los malhechores de su pueblo.
A, de amigo de Dios.
N, de nobleza de corazón en todas sus empresas y con sus vasallos.
D, de derecho, fiel y leal en palabras.
O de ombre (sic. hombre) de buenas maneras y costumbres.

El perfil de un hombre extraordinario del siglo XIII, con fama de santo ya en vida en la ciudad de Sevilla, se cierra con sus devociones religiosas tan destacadas y continuadas en gran medida por su propio hijo Alfonso X. Fernando III fue muy devoto de Santa María. Y a la que dedicó todas las mezquitas mayores de las grandes ciudades que conquistó y cristianizó en Andalucía, como se reflejan también en Las Cantigas de Santa María de Alfonso X. Por ultimo, como buen hispano del siglo XIII, en plena expansión militar frente al Islam, fue un gran defensor del culto a Santiago. Pero Fernando III actúa muchas veces movido por dos principios religiosos. En primer lugar, privados, el perdón de sus pecados y la salvación de su alma; y en segundo lugar -o casi al mismo tiempo- públicos; la defensa de la Cristiandad, de los reinos de Castilla y León. En este sentido, la vindicación de San Fernando, no sólo como soberano cristiano honesto y fiel para con sus muchos vasallos y súbditos de otras religiones toleradas; sino también como rey justo, leal, humilde y sobre todo clemente y compasivo siempre con todos, con los judíos y muy especialmente con los musulmanes andaluces, los mudéjares sevillanos sometidos gozaría, hoy por hoy, de una enorme fortuna historiográfica, amen de una notable actualidad ideológica contemporánea fundamentada por el saberse y sentirse ante la sociedad política de su tiempos hasta su muerte "Rey de las Tres Religiones".

Ningún monarca cristiano anterior a Fernando III llegó a reinar sobre un territorio tan vasto y con ciudades tan importantes en las que cristianas, judías y musulmanes coexistían pacíficamente por imperativo del propio monarca. Por su magnanimidad y lealtad para con los mudéjares vencidos y también para con los hebreos, el rey de Castilla fue siempre admirado y reconocido por casi toda Europa. En este sentido, su buena fama de hombre "santo y justo" llegaría a mediados del siglo XIII, al remoto monasterio inglés de St. Albans, próximo a Londres, en donde un modesto monje, llamado Mateo Paris, subrayaba con elocuencia que: "El ilustre rey de Castilla, que se llama de toda España por causa de su eminencia, después de sus famosas hazañas y grandes conquistas, emprendió el camino de todos los mortales".

A nuestro modo de ver aquí radica lo novedoso y la actualidad del pensamiento sociopolítico de nuestro "Santo Rey Conquistador" más de setecientos cincuenta años después. A saber, en la proyección de una Andalucía en la que la coexistencia, la tolerancia y a la vez hasta la convivencia de cristianos, musulmanes y judíos, cada uno en sus respectivos ámbitos de ocupación socioprofesionales, no eran del todo completamente antagónicas, sino permisible. La paz fue posible en Andalucía, en Sevilla, reinsertada ahora en 1248 y para siempre por Fernando III en Europa Occidental. Y eso nunca deberíamos olvidarlo todos los sevillanos.
MANUEL GARCÍA FERNÁNDEZCATEDRÁTICO DE HISTORIA MEDIEVAL EN LA UNIV. DE SEVILLA30 Mayo, 2019 - 07:04h
DIARIO DE SEVILLA


HEMEROTECA DEL CONDE YNDIANO DE BALLABRIGA



Cuida tú Salud Naturalmente

El Mango mejora nuestra  calidad de vida
El mango es sobre todo una fruta con un gran poder antioxidante, pues posee cantidades significativas de los 3 nutrientes antirradicales libres más importantes: vitaminas C y E y betacaroteno (provitamina A).
Fruto del árbol Mangifera indica, de la misma familia botánica que el anacardo y el pistacho, es originario de la región a los pies de los Himalayas, en el noroeste de la India, aunque encontró tierra fértil en todo el sudeste asiático, donde se cultiva desde hace más de 4.000 año. Desde allí se ha extendido a todas las zonas cálidas del planeta de la mano de monjes budistas y de comerciantes persas, portugueses, españoles e ingleses.


Casi todos los idiomas han incorporado a su vocabulario una derivación de la tamil (lengua del sudeste indio) "mangkay", que los portugueses transformaron en "manga" y los ingleses en "mango". Sin embargo, en la India se le conoce por el término hindi "aam", que significa "común".

Fruta nacional de la India

No es extraño, pues es una fruta ubicua en el subcontinente, donde se produce tanta cantidad de mangos como del resto de la fruta junta.
Se estima que la India produce dos tercios de los mangos del mundo, unos 14 millones de toneladas anuales. Es por tanto el fruto nacional y está vinculado a mil y una leyendas.

La más celebre es la que lo relaciona con Siddharta Gautama, Buda, a quien se le representa casi siempre a la sombra de un mango de lozanía perpetua (el árbol puede alcanzar 40 metros de altura y 10 de anchura).
La razón es que Buda alcanzó la iluminación bajo un mango, al que desde entonces se conoce como "el árbol de la sabiduría" o "bodhi".

Propiedades del mango

El mango destaca por el conjunto de nutrientes y sustancias antioxidantes que se hallan en su composición.

Vitaminas C y A

Una sola pieza de 200 g aporta la cantidad diaria recomendada de vitamina C (unos 60 mg) y el 60% de la vitamina A, en forma de betacaroteno. El mango es una de las fuentes más importantes de este nutriente.

Es un alimento ideal para las personas que tienen intolerancia a ciertas frutas y verduras o que tienen el estómago delicado, y es que contiene una enzima similar a la de las papayas que ayuda a tener una buena digestión. Es recomendable su consumo después de las comidas, ya que nos ayudará a agilizar el proceso digestivo.
Mucha gente siempre ha considerado el mango como un aliado para luchar contra la caída del pelo y las enfermedades de la piel, y es que su alto contenido en vitamina B ayuda a que nuestra piel esté en perfectas condiciones, lo mismo que nuestro pelo que crecerá con más fuerza. Además, es un aliado para que el metabolismo y el sistema nervioso funcionen correctamente.

Lo podemos encontrar en cualquier frutería, y se puede comer crudo o preparado de diferentes maneras, ya que por su sabor es un ingrediente ideal para cualquier plato. Cuando está verde su contenido en azúcar disminuye, por lo que es recomendable en dietas de diabéticos. En este caso se prepara triturado como un vegetal más en ensalada o su zumo se usa para sustituir al limón o vinagre en ensalada porque es ácido al gusto.
Sea como sea, el mango es un aliado tanto para cuidarnos por dentro como por fuera, y es que su semilla se usa como exfoliante, al igual que la manteca de las semillas que se usa como ingrediente de jabones y champú para dotar a nuestro cuerpo de los nutrientes necesarios para estar saludable.


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