Cuida tu salud naturalmente.

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Conde Indiano

jueves, 31 de enero de 2019

El abogado general del TJUE, partidario de que los trabajadores tengan que fichar






Antonio Pozo Indiano

El Abogado General del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) ha publicado hoy las conclusiones relativas a la cuestión prejudicial planteada por la Audiencia Nacional, tras el conflicto presentado por CC.OO. ante Deutsche Bank, el 26 de julio de 2017, para resolver si las empresas tienen la obligación de llevar un registro diario de la jornada de las plantillas.

Las conclusiones del Abogado General son «inequívocas, confirman los planteamientos defendidos por CC.OO. y suponen un paso positivo más en la lucha contra las prolongaciones de la jornada», subrayan en este sindicato.

Tras este pronunciamiento, ahora ya solo falta que el Tribunal emita su sentencia que, a tenor de lo manifestado por el Abogado General y también, anteriormente, por la Comisión Europea, respecto a que la legislación española no garantiza los derechos de las personas trabajadoras en lo referente al tiempo de trabajo, debiera de ser favorable a la implantación obligatoria de un registro diario de la jornada.

Las conclusiones del letrado son preliminares y pueden no coincidir con el fallo final del Tribunal con sede en Luxemburgo, pero las opiniones de los abogados generales se siguen en la mayoría de los casos.
De ser así en este caso, la Justicia europea corregiría la doctrina del Tribunal Supremo, que en abril de 2017 estableció que las empresas no están obligadas a llevar un registro de la jornada de toda la plantilla para comprobar el cumplimiento de la jornada laboral y horarios pactados, sino que sólo deben llevar un registro de las horas extras realizadas.


UGT también se ha celebrado la posición del Abogado General y espera que el Gobierno de Pedro Sánchez ponga en marcha esta medida y no sea una sentencia del TUE la que obligue a España a imponer el registro horario de jornada.
Según el sindicato, la Seguridad Social pierde en torno a 1.000 millones de euros cada año por las 150 millones de horas productivas que no se pagan a los trabajadores ni se cotizan, de las que 14 millones de horas corresponden al sector financiero.

La patronal rechaza este tema porque «ya existen mecanismos de control horario» y supone «un cambio hacia lo antiguo». Para los empresarios, el registro horario propuesto por el Ejecutivo aumenta la burocracia y los costes empresariales, tiene problemas reales de aplicación, elimina las medidas de flexibilidad interna y de conciliación y es de muy difícil aplicación para las pequeñas y medianas empresas.
Ambas organizaciones sindicales llevan tiempo reivindicando la puesta en marcha de un registro de jornada obligatorio. Desde CC.OO., se ha puesto de relieve que las conclusiones del Abogado General son "inequívocas" y suponen "un paso más en la lucha contra las prolongaciones de jornada".
Asimismo, ha señalado que espera que el TUE declare finalmente por obligación de las empresas de llevar un registro diario de la jornada.

 
MadridActualizado:31/01/2019 18:52h DIARIO ABC
Crestomatía del Conde Yndiano de Ballabriga


martes, 29 de enero de 2019

29 ANIVERSARIO “El enigma tras la dimisión de Suárez: «No me voy por temor ni por cansancio»



Antonio Pozo Indiano     
                                         
El expresidente del Gobierno jamás reveló las razones de su abandono, ni en su discurso de despedida el 29 de diciembre de 1981 ni después. «Soy muy reacio a dar entrevistas»



«Suárez dimitió acosado por su propio partido»


 A las 19.40 horas del 29 de enero de 1981, Televisión Española interrumpía su programación para transmitir una alocución de Adolfo Suárez. El presidente del Gobierno aparecía sentado en la mesa de su despacho, vestido con chaqueta oscura, camisa azul celeste y una corbata azul oscura a rayas blancas. En el margen izquierdo del plano general podían verse la bandera española, un retrato del Rey y un tapiz enmarcado que representaba a una mujer. Sobre la mesa, un mechero, un cenicero y su discurso, que empezó a leer tras un rápido zoom que se convirtió en un plano medio.
«Hoy tengo la responsabilidad de explicarles, desde la confianza y la legitimidad con la que me invistieron como presidente constitucional, las razones por las que presento, irrevocablemente, mi dimisión como presidente del Gobierno y mi decisión de dejar la presidencia de la Unión de Centro Democrático. No es una decisión fácil. Pero hay encrucijadas tanto en nuestra propia vida personal como en la historia de los pueblos en las que uno debe preguntarse, serena y objetivamente, si presta un mejor servicio a la colectividad permaneciendo en su puesto o renunciando a él. He llegado al convencimiento de que hoy, y en las actuales circunstancias, mi marcha es más beneficiosa para España que mi permanencia en la Presidencia», aseguraba Suárez al principio de su alocución, con los ojos húmedos y un reflejo luminoso en la frente.
Desde aquel momento crucial de la historia, un mes antes del golpe de Estado del 23-F, se han escrito ríos de tinta sobre los motivos de su dimisión. En su discurso no quedaron muy claras: «No me voy por cansancio. No me voy porque haya sufrido un revés superior a mi capacidad de encaje. No me voy por temor al futuro. Me voy porque las palabras ya no parecen ser suficientes y es preciso demostrar con hechos la que somos y lo que queremos», explicaba el presidente de manera ambigua. Y siguió después con la frase más controvertida de su despedida: «Como frecuentemente ocurre en la historia, la continuidad de una obra exige un cambio de personas, y yo no quiero que el sistema democrático de convivencia sea, una vez más, un paréntesis en la historia de España».


Presiones de su partido
Muchos medios de comunicación y observadores políticos achacaron su dimisión a las supuestas presiones ejercidas por determinados sectores de poder en contra de su continuidad, que consideraban en ese momento un peligro para la democracia tras cinco años en La Moncloa. Detrás de esa hipótesis aún tenía peso el hecho de que el primer presidente democrático tras la dictadura había ocupado varios cargos durante el régimen anterior (ministro-secretario general del Movimiento, director general de Radiodifusión y Televisión, gobernador civil de Segovia y procurador en las Cortes franquistas), olvidando pronto que fue él mismo uno de los responsables, quizá el principal, de traer las libertades a España.

«Suárez dimitió acosado por su propio partido», apuntaba ABC en su portada del 30 de enero, que en páginas interiores subrayaba «el golpe de efecto totalmente inesperado que ha producido su abandono. La sorpresa fue ayer el denominador común que sacudió todos los ámbitos políticos y ciudadanos de la vida española». Sin embargo, era difícil acertar con las razones reales, puesto que el presidente no las dío en su alocución ni después.

La hipótesis de que dimitió obligado por el Ejército o para desactivar un golpe de Estado en ciernes tiene poca consistencia actualmente. En los mismos días de su abandono, los círculos políticos y oficiales ya negaron cualquier tipo de presión militar. El propio Ministerio de Defensa desmintió inmediatamente esos rumores. A posteriori, y en las pocas entrevistas que concedió tras dejar la Moncloa, el propio Suárez insistió en varias ocasiones que no hubiera dimitido de haber sabido que se estaba fraguando la asonada contra la recién instaurada democracia. Él mismo lo defendió en una entrevista a TVE en los años noventa, cuando ya estaba apartado de la política activa. Nunca aclaró los motivos de su sorprendente dimisión ni, tampoco, la causa de que no mencionara al Rey en su discurso de despedida.

En este tan solo apuntó que había sufrido un «importante desgaste» durante sus casi cinco años de presidente. «Ninguna otra persona, a lo largo de los últimos ciento cincuenta años, ha permanecido tanto tiempo gobernando democráticamente en España. Mi desgaste personal ha permitido articular un sistema de libertades, un nuevo modelo de convivencia social y un nuevo modelo de Estado. Creo, por tanto, que ha merecido la pena», declaraba, sin precisar que esa era la razón.
En los años posteriores apenas concedió entrevistas a los medios para echar más luz sobre este asunto. Antes incluso de abandonar el cargo ya era reticente a ello, tal y cómo se puede comprobar en la respuesta que dio a ABC en el verano de 1980. Una de las preguntas era: «¿Sabe por qué quería entrevistarle? Creo que es usted el gran desconocido. Los españoles no sabemos nada de Adolfo Suárez persona. Cómo se siente, cómo piensa». Y él contestó: «Quiero utilizar más los medios de comunicación. La televisión sobre todo... Porque en televisión soy responsable de lo que digo, pero no soy responsable de lo que dicen que he dicho. Tengo muchísimo miedo de cómo escriben después las cosas que he dicho. Soy reacio a las entrevistas… muy reacio a las entrevistas... Muy reacio».
Su aversión a ser interrogado por periodistas y al rifirrafe parlamentario fue obvio durante toda su vida. Incluso delegaba en sus ministros las respuestas a cuestiones tan importantes como la moción de censura presentada por el líder del PSOE, Felipe González, ese mismo año 1980. Prefería no polemizar a cargar contra sus adversarios, aunque fuera blanco de todas las críticas. Y al abandonar el poder fueron contadas las veces que habló sin reservas. De ahí que se haya especulado tanto sobre la causas que le llevaron a dimitir.
Un año después de abandonar la presidencia, el expresidente confesó a Jaime Peñafiel que, políticamente, «tenía poca capacidad de negociar, de abordar los grandes retos del Estado». Y también cuestionó la imagen que, según creía, se había transmitido de él, de político al que le importaba «el poder por encima de todo». Su sucesor, el presidente Leopoldo Calvo-Sotelo, escribió que dimitió «porque ya no era capaz de seguir inventando el futuro».
«¿Tú también vienes a pedirme dinero?»


En el libro que José Oneto publicó en 2006, «Conspiración contra un presidente» (Zeta), apuntaba muchas de las incógnitas que quedaban por despejar un cuarto de siglo después de su renuncia sobre este asunto. Barajaba varias hipótesis, aunque no se aferraba a ninguna: la presión de sus compañeros de partido, la previsible asonada del general Tejero o la supuesta pérdida de confianza por parte del Rey. ¿Qué pasó entre el sábado 24 en el Don Juan Carlos I suspendiese una cacería que tenía programada y el 29 de enero?, ¿por qué Suárez informó antes a los barones de UCD que al Rey? o ¿cuál fue la gota que colmó el vaso para que dimitiera? Todas ellas preguntas que han quedado sin respuesta.

En «Suárez y el Rey», el teólogo, escritor y periodista Abel Hernández recoge una declaración del Rey en un ámbito distendido, en el que el monarca comentó a sus interlocutores: «No hay que cambiar a Suárez, pero Suárez tiene que cambiar». A finales de 1980 y principios de 1981, la sintonía entre Don Juan Carlos y el entonces presidente no era, evidentemente, la misma. Quizá sea esa la razón de que este no le mencionara en su discurso en TVE, pero no tiene que ser la razón principal de su marcha.
En 2003, Adolfo Suárez se retiró de la vida pública después de que se le diagnosticara la enfermedad de Alzheimer. Murió el 23 de marzo de 2014. Cuando el Rey fue a verle a su casa en julio del 2008, ya muy enfermo y sin recordar nada acerca de su pasado, el expresidente solo acertó a preguntarle a Don Juan Carlos: «¿Tú también vienes a pedirme dinero?».


 Discurso íntegro de Suárez el 29 de enero de 1981:
«Hay momentos en la vida de todo hombre en los que se asume un especial sentido de la responsabilidad.
Yo creo haberla sabido asumir dignamente durante los casi cinco años que he sido presidente del Gobierno. Hoy, sin embargo, la responsabilidad que siento me parece infinitamente mayor.
Hoy tengo la responsabilidad de explicarles, desde la confianza y la legitimidad con la que me invistieron como presidente constitucional, las razones por las que presento, irrevocablemente, mi dimisión como presidente del Gobierno y mi decisión de dejar la presidencia de la Unión de Centro Democrático.
No es una decisión fácil. Pero hay encrucijadas tanto en nuestra propia vida personal como en la historia de los pueblos en las que uno debe preguntarse, serena y objetivamente, si presta un mejor servicio a la colectividad permaneciendo en su puesto o renunciando a él.
He llegado al convencimiento de que hoy, y en las actuales circunstancias, mi marcha es más beneficiosa para España que mi permanencia en la Presidencia.
Me voy, pues, sin que nadie me lo haya pedido, desoyendo la petición y las presiones con las que se me ha instado a permanecer en mi puesto, con el convencimiento de que este comportamiento, por poco comprensible que pueda parecer a primera vista, es el que creo que mi patria me exige en este momento.
No me voy por cansancio. No me voy porque haya sufrido un revés superior a mi capacidad de encaje. No me voy por temor al futuro. Me voy porque ya las palabras parecen no ser suficientes y es preciso demostrar con hechos la que somos y lo que queremos.

Nada más lejos de la realidad que la imagen que se ha querido dar de mí como la de una persona aferrada al cargo. Todo político ha de tener vocación de poder, voluntad de continuidad y de permanencia en el marco de unos principios. Pero un político que además pretenda servir al Estado debe saber en qué momento el precio que el pueblo ha de pagar por su permanencia y su continuidad es superior al precio que siempre implica el cambio de la persona que encarna las mayores responsabilidades ejecutivas de la vida política de la nación.
Yo creo saberlo, tengo el convencimiento, de que esta es la situación en la que nos hallamos y, por eso, mi decisión es tan firme como meditada.
He sufrido un importante desgaste durante mis casi cinco años de presidente. Ninguna otra persona, a lo largo de los últimos 150 años, ha permanecido tanto tiempo gobernando democráticamente en España. Mi desgaste personal ha permitido articular un sistema de libertades, un nuevo modelo de convivencia social y un nuevo modelo de Estado. Creo, por tanto, que ha merecido la pena. Pero, como frecuentemente ocurre en la historia, la continuidad de una obra exige un cambio de personas y yo no quiero que el sistema democrático de convivencia sea, una vez más, un paréntesis en la historia de España.
Trato de que mi decisión sea un acto de estricta lealtad. De lealtad hacia España, cuya vida libre ha de ser el fundamento irrenunciable para superar una historia repleta de traumas y de frustraciones; de lealtad hacia la idea de un centro político que se estructure en forma de partido interclasista, reformista y progresista, y que tiene comprometido su esfuerzo en una tarea de erradicación de tantas injusticias como todavía perviven en nuestro país; de lealtad a la Corona, a cuya causa he dedicado todos mis esfuerzos, por entender que sólo en torno a ella es posible la reconciliación de los españoles y una patria de todos, y de lealtad, si me lo permiten, hacia mi propia obra.

Pero este profundo sentimiento de lealtad exige hoy también que le produzcan hechos que, como el que asumo, actúen de revulsivo moral que ayude a restablecer la credibilidad en las personas y en las instituciones. Quizá los modos y maneras que a menudo se utilizan para juzgar a las personas no sean los más adecuados para una convivencia serena. No me he quejado en ningún momento de la crítica. Siempre la he aceptado serenamente. Pero creo que tengo fuerza moral para pedir que, en el futuro, no se recurra a la inútil descalificación global, a la visceralidad o al ataque personal porque creo que se perjudica el normal y estable funcionamiento de las instituciones democráticas. La crítica pública y profunda de los actos de Gobierno es una necesidad, por no decir una obligación, en un sistema democrático de Gobierno basado en la opinión pública. Pero el ataque irracionalmente sistemático, la permanente descalificación de las personas y de cualquier tipo de solución con que se trata de enfocar los problemas del país, no son un arma legítima porque, precisamente, pueden desorientar a la opinión pública en que se apoya el propio sistema democrático de convivencia.
Querría transmitirles mi sentimiento de que sigue habiendo muchas razones para conservar la fe, para mantenerse firmes y confiar en nosotros los españoles. Lo digo con el ansia de quien quiere conservar la fuerza necesaria para fortalecer en todos sus corazones la idea de la unidad de España, la voluntad de fortalecer las instituciones democráticas y la necesidad de prestar un mayor respeto a las personas y la legitimidad de los poderes públicos.
Yo, por mi parte, les prometo que como diputado y como militante de mi partido seguiré entregado en cuerpo y alma a la defensa y divulgación del compromiso ético y del rearme moral que necesita la sociedad española.
Todos podemos servir a este objetivo desde nuestro trabajo y desde la confianza de que, si todos queremos, nadie podrá apartamos de las metas que, como nación libre y desarrollada nos hemos trazado.
Se puede prescindir de una persona en concreto. Pero no podemos prescindir del esfuerzo que todos juntos hemos de hacer para construir una España de todos y para todos.
Por eso no me puedo permitir ninguna queja ni ningún gesto de amargura. Tenemos que mantenernos en la esperanza, convencidos de que las circunstancias seguirán siendo difíciles durante algún tiempo, pero con la seguridad de que si no desfallecemos vamos a seguir adelante. Algo muy importante tiene que cambiar en nuestras actitudes y comportamientos. Y yo quiero contribuir, con mi renuncia, a que este cambio sea realmente posible e inmediato.
Debemos hacer todo lo necesario para que se recobre la confianza, para que se disipen los descontentos y los desencantos. Y para ello es preciso convocar al país a un gran esfuerzo. Es necesario que el pueblo español se agrupe en tomo a las ideas, a las instituciones y a las personas promovidas democráticamente a la dirección de los asuntos públicos.
Los principales problemas de España tienen hoy el tratamiento adecuado para darles solución. En UCD hay hombres capaces de continuar la labor de gobierno con eficacia, profesionalidad y sentido del Estado y para afrontar este cambio con toda normalidad. Les pido que les apoyen y que renueven en ellos su confianza para que cuenten con el necesario margen de tiempo para poder culminar la labor emprendida.
Deseo para España, y para todos y cada uno de ustedes y de sus familias, un futuro de paz y bienestar. Esta ha sido la única justificación de mi gestión política y va a seguir siendo la razón fundamental de mi vida. Les doy las gracias por su sacrificio, por su colaboración y por las reiteradas pruebas de confianza que me han otorgado. Quise corresponder a ellas con entrega absoluta a mi trabajo y con dedicación, abnegación y generosidad. Les prometo que donde quiera que esté me mantendré identificado con sus aspiraciones. Que estaré siempre a su lado y que trataré, en la medida de mis fuerzas, de mantenerme en la misma línea y con el mismo espíritu de trabajo.
Muchas gracias a todos y por todo».
Adolfo Suarez

Crestomatía del Conde Yndiano de Ballabriga

Israel Viana
DIARIO ABC  29 de Enero 2019
MadridActualizado:29/01/2019 17:26h



lunes, 28 de enero de 2019

Papa Francisco: «El sexo es un don de Dios. No es el coco»










Antonio Pozo Indiano
En su encuentro con los periodistas durante el vuelo de regreso de Panamá a Roma, el Papa Francisco manifestó anoche que «yo apoyo a todo el pueblo venezolano que está sufriendo», pero añadió que «si yo entrara a decir ‘háganle caso a estos países o a estos otros’ me metería en un rol que no conozco. Sería una imprudencia pastoral por mi parte, y haría daño».

Consciente de que a muchos les costará entender que no tome partido con los países que reconocen a Guaidó, Francisco explicó que había medido mucho sus palabras del domingo en Panamá, cuando afirmó textualmente que «ante la grave situación por la que atraviesa Venezuela, pido al Señor que se busque y se logre una solución justa y pacífica para superar la crisis, respetando los derechos humanos y deseando exclusivamente el bien de todos los habitantes del país».


El Papa comentó a los periodistas que «esas palabras las pensé y las repensé, y expresé mi cercanía y lo que siento. Yo sufro por todo esto», e insistió en «una solución justa y pacífica».
El Santo Padre confesó que «me asusta el derramamiento de sangre. Y ahí pido grandeza a quienes pueden ayudar a resolver el problema. El problema de la violencia a mí me aterra. Después de todo el esfuerzo hecho en Colombia, lo que sucedió en la escuela de cadetes es terrorífico», dijo respecto al atentado del ELN contra la escuela de policía que causó 21 muertos.
En una valoración de su propio enfoque, el Papa añadió que «no me gusta la palabra ‘equilibrado’. Tengo que ser pastor. Y si necesitan ayuda, que se pongan de acuerdo y la pidan».

Francisco abordó también la cumbre antipederastia que reunirá a los presidentes de las conferencias episcopales de todo el mundo a finales de febrero, presentándola como un servicio pues «algunos obispos no sabían que hacer, no entendían, hacían una cosa buena y otra mala. Sentimos la necesidad de dar una ‘catequesis’ sobre este problema a las conferencias episcopales».
El primer objetivo es que los obispos «tomen conciencia del drama de un niño abusado. Yo recibo con regularidad a personas abusadas, y recuerdo una que durante 40 años no podía rezar. El sufrimiento es terrible».

El segundo objetivo es que los obispos «sepan qué se debe hacer: el procedimiento. Qué tiene que hacer el obispo, el arzobispo metropolitano, el presidente de la conferencia episcopal. Que sea claro. Que los protocolos sean claros».
En ese encuentro en el Vaticano «habrá oraciones, habrá testimonios (de víctimas) y una liturgia penitencial para pedir perdón para toda la Iglesia».
Según Francisco, el comité organizador «está trabajando bien en la preparación de todo esto, pero me permito decir que he percibido expectativas un poco infladas. Hace falta desinflar las expectativas y limitarlas a estos puntos de que hablo».
El Papa insistió en que el abuso sexual de menores «es terrible. Es un drama humano del que tenemos que tomar conciencia. Nosotros, resolviendo el problema en la Iglesia y tomando conciencia, ayudaremos a resolverlo en la sociedad, en las familias, donde la vergüenza lleva a esconder todo».
En relación con un debate educativo en varios países de América central, Francisco afirmó que «en las escuelas hay que dar educación sexual. El sexo es un don de Dios. No es el ‘coco’. Es el don de Dios para amar. Que algunos lo usen para ganar plata o explotar a otros, es otro problema. Pero hay que dar educación sexual objetiva, como es. Sin colonización ideológica».
Refiriéndose implícitamente a la ideología de género, el Papa advirtió que «si de entrada le das una educación sexual llena de colonizaciones ideológicas, destruyes a la persona». Pero insistió en que «el sexo como don de Dios debe ser enseñado. Educar viene del latín ‘e-ducere’, sacar lo mejor de la persona y acompañarla en el camino».
En su opinión, «lo ideal es que empiece en la casa» aunque «no siempre es posible porque hay tantas situaciones en las familias». En cuanto a la escuela, el problema es la calidad de los maestros y los libros pues «hay cosas que maduran y hay cosas que hacen daño. Yo he visto alguna ‘verdura’ en esto. Pero tiene que haber educación sexual, sin ideología».

En cuanto a las mujeres que se han sometido a un aborto voluntario, Francisco dijo, hablando como confesor, que «después de haber cometido este error, hay misericordia también. Una misericordia difícil porque el problema no es dar el perdón, el problema está en acompañar a una mujer que ha tomado conciencia de haber abortado. Son dramas terribles».
Añadió que «hace falta estar en el confesionario, y ahí dar consolación, no atacar. Por eso abrí la potestad de absolver el aborto por misericordia». Sin embargo, suele persistir el problema de que «tantas veces deben encontrarse con el hijo. Yo aconsejo muchas veces, cuando lloran y tienen esta angustia, yo les digo que su hijo está en el cielo, que hablen con él, que le canten la nana que no pudieron cantarle. Y ahí se da una reconciliación de la madre con el hijo, porque Dios ya ha perdonado».


28-1-2019

A bordo del vuelo papalActualizado:28/01/2019 13:30h

Crestomatía  del Conde Yndiano de Ballabriga



viernes, 25 de enero de 2019

Descubren un sistema circulatorio oculto dentro de los huesos



Científicos han anunciado el descubrimiento de los vasos transcorticales (TCVs), unos conductos que comunican los huesos con el exterior y que podrían permitir buscar nuevos tratamientos para la artritis







Antonio Pozo Indiano.

Las sondas espaciales han explorado Marte y los físicos se han adentrado en el mundo íntimo de las partículas cuánticas, pero todavía existen rincones desconocidos dentro del cuerpo humano. Como prueba de que es así, basta con recordar que en los últimos años se ha descubierto un nuevo órgano,una nueva forma e importantes indicios de la presencia de bacterias viviendo dentro de células del cerebro.

El motivo de que así sea no es la desidia de los científicos, sino que las herramientas experimentales tienen unos límites que pueden ocultar la realidad. Este es lo que ha ocurrido también hasta que una investigación, que se acaba de publicar en Nature Metabolism, ha podido informar del descubrimiento de todo un sistema circulatorio en el interior de los huesos largos de ratones. Los indicios apuntan, además, a que también estarían presentes en seres humanos.
El estudio, dirigido por Anika Grüneboom, investigadora en la Universidad de Duisburg-Essen (Alemania), ha revelado la existencia de unos canales que comunican regiones del interior de los huesos, el endostio, con el exterior, el periostio. Dichos conductos, que han recibido el nombre de vasos transcorticales (TCVs por sus siglas en inglés), son claves para el paso de células, la reabsorción del hueso y la regulación de la inflamación. Además, prometen ser útiles para buscar tratamientos contra dolencias como la artritis reumatoide.
«Los resultados del elegante estudio de Grüneboom y compañía nos llevan a reconsiderar asunciones básicas sobre la anatomía de los huesos, su fisiología y su funcionamiento, y nos llevan a considerar (...) potenciales estrategias terapéuticas para solucionar la inflamación y los daños a los tejidos de las artritis reumatoides», escriben Christopher Ritchlin y Iannis E. Adamapoulos en un artículo de análisis publicado en Nature Metabolism.
Hasta ahora, se había asumido que las arterias entran en los huesos largos, como la tibia o el radio, y permiten que la sangre atraviese la médula y pueda salir por el otro extremo. Sin embargo, esto no explicaba la velocidad de difusión de la sangre a través de los huesos. De hecho, esta velocidad es tan alta, que se aprovecha en los campos de batalla para reanimar a soldados caídos: cuando las venas no son una opción muy viable, se hacen transfusiones intraóseas y se logra una respuesta muy rápida.
Ahora, los investigadores han hallado la que podría ser la causa de esta rápida reacción. Los investigadores han hallado un sistema de canales que atraviesan los huesos largos perpendicularmente, en relación con su eje principal, y que conectan el interior con el exterior en el hueso compacto. Según las conclusiones de Grüneboom y compañía, la mayoría de la sangre que entra y sale de los huesos lo hace a través de esta ruta.
Además, han averiguado que esos conductos son el camino que toman unas células conocidas como neutrófilos, y que tienen un importante papel en la inflamación de los huesos, una respuesta defensiva que puede producir daños y activarse de forma descontrolada, provocando por ejemplo artritis y otras enfermedades degenerativas.


En amarillo, a la derecha, neutrófilos iluminados con color fluorescente en el interior de los TCVs (vasos transcorticales). Estas células circulan a través de estos conductos y son importantes para tratar la artritis –


De hecho, los investigadores averiguaron que los ratones enfermos de artritis inflamatoria tienen más vasos transcorticales (TCVs), y también que los ratones más viejos tienen menos capacidad de producir estos conductos. Ambas cosas tienen implicaciones para tratar esta dolencia y estudiar el envejecimiento de los huesos.
Por el momento, estos canales solo se han localizado en los huesos de ratones. Pero se han observado evidencias de lo que parecen ser los mismos conductos en huesos humanos. Las técnicas experimentales todavía no han permitido confirmar todavía que también sean vasos transcorticales (TCVs).
Los autores han podido averiguar todo esto gracias a varias modernas técnicas de toma de imágenes, como la microscopía de rayos X y una técnica de miscrocopía de fluorescencia, la LSFM (por sus siglas en inglés). También porque fueron capaces de «clarear» los huesos de los ratones usando una solución capaz de degradar los ácidos grasos. De esa forma, pudieron ver con facilidad el flujo en los vasos sanguíneos en el interior de los huesos.



Huesos de la pata de un ratón después de ser clareados (izquierda) y antes (derecha). Gracias a este tratamiento, los investigadores pudieron ver el flujo de sangre dentro de los huesos –
Las conclusiones de este estudio coinciden con una investigación reciente en la que se informó del hallazgo de conductos similares entre el cráneo y la superficie del cerebro en ratones, y otros que hablan de conexiones entre la médula y el líquido sinovial, en las articulaciones.
Según Ritchlin y Adamapoulos «las implicaciones» de este trabajo «son múltiples y potencialmente de gran importancia». Sobre todo para tratar las artritis reumatoides, pero también porque la existencia de estos canales es clave para estudiar el remodelado del esqueleto, a través de las células que lo degradan y lo sintetizan.

Crestomatía del conde Yndiano de Ballabriga.



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